a un tiempo en el altar
inmolado en Salem
Suavísimo maná que sabe a dulce miel
Ven y del mundo vil
nada me gustará
Ven y se tocará
del destierro cruel
con tu dulzura la amarga y hiel.
Oh convite real, do sirve el Redentor
al siervo del Señor
comida sin igual;
pan de vida inmortal,
ven a entrañarte en mí,
y quede yo trocado en ti.
Si osare a ti venir, das muerte al pecador,
y de celeste ardor
das al justo vivir.
Ay, qué triste morir
de vida en el manjar
de tal veneno, y muerte hallar.
Los ángeles al ver tal gloria y majestad,
con profunda humildad
adoran su poder,
sin ellos merecer
la dicha de gustar
el pan del cielo, hecho manjar.


