¿Te pidieron cantar el salmo el domingo y no sabes por dónde empezar? Aquí te explicamos qué es el salmo responsorial, por qué no se cambia por otro canto, cómo se cantan la respuesta y las estrofas, cómo prepararlo, cómo enseñarle la respuesta a la gente y cómo acompañarlo con dos o tres acordes.
Qué es el salmo responsorial
El salmo va justo después de la primera lectura. No es un canto de “relleno” ni de meditación libre: es Palabra de Dios y forma parte de la Liturgia de la Palabra. Es la respuesta de la asamblea a lo que acaba de escuchar, con palabras de la misma Biblia.
Por eso la regla más importante es esta: se canta el texto del leccionario. La Instrucción General del Misal Romano (n. 57) dice que no se pueden sustituir las lecturas ni el salmo responsorial por otros textos que no sean bíblicos. Un canto bonito sobre el mismo tema, por ejemplo uno de reflexión, no ocupa el lugar del salmo.
Las partes del salmo
| Parte | Quién la canta | Cómo |
|---|---|---|
| Respuesta (antífona) | El salmista la canta primero y luego toda la asamblea | Melodía corta y fácil, siempre igual |
| Estrofas | Solo el salmista | Recitadas con un tono sencillo, que se entienda cada palabra |
| Respuesta después de cada estrofa | Toda la asamblea | La misma melodía del inicio |
La respuesta es una frase breve, como un estribillo. Las estrofas son versículos del salmo. Mientras tanto, la asamblea está sentada y escucha.
Desde dónde y quién lo canta
El salmo se canta desde el ambón, el mismo lugar donde se proclaman las lecturas, o desde otro sitio adecuado que indique tu parroquia. Quien lo canta es el salmista: según la Instrucción General (n. 102), le corresponde proclamar el salmo, y para eso necesita cantar con afinación, pronunciar bien y hablar claro. No hace falta tener una voz de concierto; hace falta que la gente entienda lo que dices.
¿Y si nadie lo puede cantar? La Instrucción General (n. 61) pide que se cante, por lo menos la respuesta del pueblo. Si no se puede cantar, se recita de la manera que mejor ayude a meditar la Palabra. También permite que, cuando el salmo se canta, se use un salmo y una respuesta comunes del tiempo litúrgico en lugar del que toca ese día, para que la gente se lo aprenda más fácil. Esos salmos comunes vienen en el leccionario; si quieres usarlos, consúltalo con tu párroco.
Cómo prepararlo durante la semana
- Busca la cita. En la misa de este domingo aparecen las lecturas del día con sus citas, y ahí está la del salmo. En las páginas de los próximos domingos puedes prepararlo con anticipación.
- Lee el texto completo de la respuesta y las estrofas en las lecturas, en un misal o en el leccionario de tu parroquia. Léelo en voz alta dos o tres veces antes de pensar en la música.
- Ora con él. ¿Cómo se une con la primera lectura? Cantas mejor lo que entiendes.
- Elige la melodía de la respuesta. Si tu parroquia ya tiene una melodía para ese salmo, úsala. Si no, inventa una muy sencilla, de cinco o seis notas, que se pueda cantar a la primera.
- Marca dónde respiras y ensáyalo con el músico para acordar el tono.
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Cómo cantar las estrofas: el tono simple
Las estrofas no necesitan una melodía complicada. Lo más sencillo es la recitación: cantas casi todo el verso en una misma nota, al ritmo natural de las palabras, y en las últimas sílabas bajas o subes un poco para cerrar la frase. Así la gente se fija en el texto.
- Respeta el acento natural de las palabras.
- No corras: haz una pequeña pausa en cada coma y cada punto.
- Al terminar cada estrofa, da una entrada clara para que todos canten la respuesta.
Cómo enseñarle la respuesta a la asamblea
- Antes de la misa, si el párroco está de acuerdo, ensáyala con la gente una o dos veces: “Esta es la respuesta del salmo de hoy…”.
- En el salmo, cántala tú primero completa, despacio. Luego invita con un gesto de la mano abierta para que la repitan.
- Siempre igual: misma melodía, mismo tono y misma velocidad cada vez.
El acompañamiento: dos o tres acordes
El instrumento solo sostiene. En la respuesta, un rasgueo suave o un arpegio; en las estrofas, deja sonar un acorde largo mientras recitas y cambia al final de la frase. En Re, con estos tres acordes acompañas casi cualquier respuesta sencilla:
Antes de empezar, toca el acorde de inicio para que el salmista tome el tono (sin introducciones largas). En herramientas tienes un afinador, y el arpegio suave lo explicamos en rasgueos fáciles para tocar en misa.
Errores comunes
- Cambiar el salmo por otro canto, aunque hable del mismo tema.
- Cambiar las palabras de la respuesta o de las estrofas para que “queden” con una melodía.
- Una melodía de respuesta difícil que solo el salmista puede cantar.
- Cantar demasiado rápido o sin pausas, y que nadie entienda el texto.
- Llegar sin haber leído el texto y descubrir las palabras difíciles en el ambón.
- Terminar con “Palabra de Dios”.
Si estás armando la lista del domingo, revisa también cómo preparar los cantos del domingo, y si tu parroquia apenas está formando su grupo, cómo formar un coro parroquial desde cero.
Preguntas frecuentes
¿Puedo cantar otro salmo que me guste más?
Se canta el salmo del leccionario de ese día. Cuando el salmo se canta, también se puede usar uno de los salmos comunes del tiempo litúrgico que trae el leccionario. Un canto que no sea bíblico no puede reemplazarlo.
¿Es obligatorio cantarlo?
Se recomienda cantarlo, al menos la respuesta. Si no hay quien lo cante, se recita de forma pausada para que ayude a meditar.
¿Quién puede ser salmista?
Alguien de la comunidad que cante afinado, pronuncie bien y se prepare con el texto. Lo ideal es que lo nombre o lo apruebe el párroco junto con el coordinador del coro.
¿El salmista también canta el Aleluya?
Puede hacerlo, pero son partes distintas. El salmo responde a la primera lectura; el Aleluya (o la aclamación en Cuaresma) acompaña la llegada del Evangelio.







